sábado, 12 de diciembre de 2015

Desajuste

"Francia es más débil que su estatus internacional, Alemania más fuerte". Leí esta frase en un diario alemán y pensé: vivimos años de desajustes. Hay momentos históricos donde apariencia y realidad se desencajan. Como suele ejemplificar Slavoj Zizek: el coyote camina unos segundos en el aire, antes de darse cuenta de que no hay suelo bajo sus pies. Las democracias occidentales no consiguen responder a la tecnocracia y la ultraderecha, que amenazan por un lado y por el otro. Estados Unidos está en permanente crisis política. Alemania deberá indefectiblemente asumir un papel internacional acorde a su poderío económico. El poder simbólico de Francia no conseguirá compensar su debilidad económica. China, Rusia y el terrorismo son los nuevos actores frente a los cuales Occidente no sabe bien qué hacer. Tal vez sea el caso que el neo-liberalismo haya alcanzado un límite y no pueda afrontar los nuevos desafíos, mucho de ellos creados por él mismo.

martes, 8 de diciembre de 2015

La estrategia del ridículo

Llamemos la "estrategia del ridículo" a aquella que consiste en transgredir las convenciones que regulan la comunicación política. Claro que "ridículo" es lo que perciben quienes no comulgan con este estilo. Para quienes sí lo hacen, la estrategia es percibida como valiente y transformadora. Tres figuras emblemáticas de esta estrategia hoy son Cristina Kirchner, Nicolás Madura y Donald Trump. Los tres se caracterizan por transgredir constantemente las formas que regulan lo que un político debe decir y hacer. Esta transgresión se convierte en una "estrategia" en la medida en que se vuelve un fin en sí mismo, es decir, en la medida en que la transgresión no es un medio para lograr un fin determinado, sino un fin en sí mismo. Puesto que la transgresión no tiene límites, sino que por el contrario se debe ser cada vez más transgresor para no volverse rutinario, estas figuras terminan haciendo del ridículo un estilo político en sí mismo.

Esta estrategia es exitosa en la medida en que los políticos logran que se hable de ellos todo el tiempo. Ya sea para expresar indignación o admiración, la transgresión absurda genera una especie de fascinación. El motivo es que la capacidad para transgredir reglas se encuentra entre los grandes misterios de la conducta humana. Dicha capacidad conmueve lo esperable y agita el pensamiento. Los transgresores, como puede observarse con los niños que disfrutan de "portarse mal", buscan generar esta fascinación. La misma es políticamente redituable en la medida en que el político se mantiene siempre en el centro de la escena. Ya sea para alabarlo o criticarlo, todos hablan de él o de ella. Algunos los odian establemente y otros los aman establemente, pero seguramente la mayoría fluctúa entre el amor y el odio, que están más cerca uno del otro que cualquiera de los dos de la indiferencia.